MACROECONOMIA DE LA BOLSA – EPISODIO I: LA AMENAZA MONETARIA

“Money Matters” (El dinero importa), Milton Friedman

El 17 de Noviembre de 2006, tan solo un día después de su muerte, The Wall Street Journal publicaba una editorial titulada “Why money matters?” (¿Por qué el dinero importa?), dónde Friedman defendía la vigencia de su tesis de 1963 sobre la influencia de los agregados monetarios en el comportamiento de la economía y los mercados financieros. Su perfil polémico y sus frases tajantes causaron no poco revuelo en un mundo entonces dominado por su némesis intelectual: Sir John Maynard Keynes. Sin embargo, guste o no, Friedman tuvo la hidalguía necesaria para adelantarse a los cambios que sobrevendrían casi dos décadas después.

Money Matters, puede probablemente ser considerada una de esas frases de Friedman que perduraron en el tiempo. En particular porque en dos simples palabras resumía una idea poderosa: las decisiones de la Autoridad Monetaria –figura que Friedman siempre miró con recelo- tienen un impacto profundo en la economía real y en el sistema financiero. Por ellos es que en este artículo nos dedicaremos a repasar algunos aspectos monetarios que puedan afectar nuestras inversiones.

Respecto de esto, el análisis detallado de las variables dependerá del activo en particular que estemos considerando y de cómo cambios en cada una de estas variables impactarían en su precio de cotización y en su capacidad de generar ingresos futuros. Sin embargo, a grandes rasgos podemos mencionar algunos casos paradigmáticos que casi con certeza serán de relevancia en la mayoría de los casos.

La inflación y el tipo de cambio, por ejemplo, impactarán en la nominalidad de la empresa. Tanto la hoja de Situación Patrimonial (Activos y Pasivos), como la del Estado de Resultados (Ingresos y Egresos), mantendrán cierta correlación con estas dos variables. Y a tal punto es así, que la Bolsa ha sido tradicionalmente un refugio de valor frente a devaluaciones y estampidas inflacionarias. Como muestra basta con ver casos como el de Venezuela, dónde los inversores se han volcado masivamente a adquirir títulos valores en defensa de su poder adquisitivo.

Por supuesto que esto es algo que resulta aplicable en la mayoría de los casos, aunque sólo hablando de manera general y tomando índices más que papeles en particular. Hablando de manera general porque no todas las devaluaciones y procesos inflacionarios son iguales. No alcanza con saber qué está pasando, sino también por qué está pasando. Una devaluación como la de Diciembre de 2015, llevada a cabo para reconocer distorsiones cambiarias que el mercado y la economía tenían parcialmente descontadas, con variables macro relativamente estables y en niveles manejables, probablemente resultará más digerible que una devaluación a “la Remes Lenicov”, en un contexto de descontrol y caos después de la desastrosa salida de la Convertibilidad en Enero de 2002. Lo mismo sucede con los procesos inflacionarios.

Adicionalmente, hay que tener en cuenta que si la inflación y los movimientos del tipo de cambio son tan dañinos para la economía es justamente porque, al contrario de lo que se suele pensar, son fenómenos que no afectan a todas las partes por igual. Mientras una escalada del tipo de cambio –ceteris paribus– beneficiará a las empresas netamente exportadoras mediante una mejora relativa en el ingreso, perjudicará a las empresas netamente importadoras mediante un aumento relativo de su estructura de costos.

Algo similar ocurrirá con las variaciones en el nivel de precios, ya que cuando hablamos de que la inflación fue de un “XX%”, estamos hablando de la evolución de un índice general, que no indica nada de los procesos individuales de cada empresa. Para conformar el promedio finalmente publicado por los datos oficiales, habrá rubros que habrán aumentado por encima y otros por debajo del nivel del índice. De manera análoga ocurrirá con las empresas, habiendo algunas que puedan aumentar sus ingresos por encima del nivel general de precios, o incluso por encima del aumento de su estructura de costos, y otras que no. Por eso, anteriormente hablábamos de que la cobertura vía bolsa se da más a nivel de índices (o paquete de empresas) que de papeles individuales.

Esto en cuanto a lo ateniente a las variables nominales tomadas individualmente. Si, en cambio, consideramos la inflación y el tipo de cambio nominal (el que por lo general sale en los diarios y la televisión) en conjunto, obtendremos una tercera variable: el tipo de cambio real. Dado que el tipo de cambio real no afecta directamente la nominalidad de una empresa, su efecto resulta un poco más difícil de comprender. Sin embargo, por norma afectará sobre todo a aquellas ramas de la producción con interrelación media/alta con los mercados externos. Para el caso de las empresas exportadoras, una apreciación del tipo de cambio en términos reales dificultará la colocación de producción nacional en el extranjero. De manera inversa, facilitará el ingreso de productos extranjeros, beneficiando a empresas importadoras en detrimento de la producción nacional.

Otro de los fenómenos monetarios que atraerá nuestra atención a la hora de realizar inversiones es la tasa de interés, principalmente la de referencia establecida por el Banco Central. Esta es quizás una de las variables más importantes a nivel macroeconómico, ya que por lo general, los mercados de valores tienen una fuerte correlación inversa con la tasa de referencia. No en vano, los anuncios de política monetaria realizados trimestralmente por la Reserva Federal de Estados Unidos son unos de los datos más esperados por los analistas a nivel mundial.

Sin embargo, como siempre existen excepciones, como la que estamos viviendo en este momento. Tanto en Estados Unidos, como en Argentina, las autoridades monetarias están llevando a cabo políticas restrictivas y con perspectivas de endurecimiento, lo cual debiera desarticular los mercados alcistas que vemos hoy. Sin embargo, en este caso, lo que los mercados están descontando son las reformas estructurales que se hicieron y que se esperan, las cuales se perciben como un incentivo más que suficiente para contrapesar los embates de las alzas de tasas.

Asimismo, en países donde la inflación tiene una alta correlación con el tipo de cambio, una apreciación en términos reales puede traccionar el Producto debido al efecto positivo que tiene sobre el poder adquisitivo local. Igualmente, podría estimular la inversión mediante una reducción de los costos de adquisición de capital en el exterior, como sucedió por ejemplo en Argentina durante la primera mitad de los ‘90. Por otro lado, una política monetaria antiinflacionaria en ese contexto, resultaría en tasas de interés positivas en términos reales y estables en moneda dura, lo cual provocará una importante entrada de capitales en la fase ascendente del ciclo, contribuyendo aún más al efecto riqueza ya generado por la mejora en el poder adquisitivo local que mencionábamos antes. Todo lo demás constante, la Bolsa reaccionará positivamente a datos alentadores de crecimiento, consumo e inversión.

Resumiendo, la regla general es que no hay reglas generales. Cada activo reaccionará de manera distinta a cambios en las variables macroeconómicas. Lo importante es entender cómo interactúan estas variables entre sí y como pueden llegar a afectar –negativa o positivamente- a los activos que tengamos en cartera. Por eso, a la hora de realizar pronósticos bursátiles resulta siempre más determinante comprender el contexto que tomar datos aislados.

Y nunca lo olvides, el dinero importa, ¡sobre todo en cuenta propia!


Esta nota se publicó el 7 de diciembre en la Revista CINCO RUEDAS Nº 195 – “Macroeconomía de la Bolsa: Ep. 1, la amenaza monetaria” Pág. 10.

Suscribite y mirá la segunda parte en la edición mensual de marzo.

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